POEMA 1
Convéncete este dolor es tuyo. Esta muñeca de papel humedecida, tu esperanza.
Convéncete este dolor es tuyo. Esta muñeca de papel humedecida, tu esperanza.
POEMA 2
La mujer que vive encima de la
cúpula se encarga de guardar la luna todos los días. Su silencio- en lo posible-
es su monumento de buena fe. ¿Es su oficio, un oficio creíble? ¿Se puede hacer
el amor tan cerca del cielo? ¿Con quién? ¿Acaso su arduo oficio le permite
escribir poemas de cortejo? (No importa si a hombres o a mujeres, no importa si
son poemas de cortejo.) Si es así, ¿quién le provee los silencios?, ¿quién le
repite: estás viva, estás viva? La memoria aún sin domesticar le sirve otro
café. Se deja escuchar: ¡Un baño de agua fría para los locos! La guardiana
oculta su nombre y su sexo pero en la memoria. Sufriría igual. Dona litros de
sangre al silencio, se proclama catadora de silencios agrios y con nata
azul-verdosa. Empero se le acusa de no tener silencios. De prohibirse.
POEMA 3
Me estoy cayendo de sola. Te esfuerzas en vano, querida. La memoria siempre es
la peor llaga, la quemadura repetida en tus ansias por vivir. Mi deber es hacer
de mí algo que jamás te toque. Te estás cayendo de infiel, no crees en la
resurrección de la carne. Me estoy cayendo porque tengo la labor más perra,
mirarte como un tronco mutilado, mirarte y que no seas mi amor. ¿No crees en
mis ausencias? No creo y me caigo de aire, de sola, de sola.
POEMA 4
Volvió la ansiedad a destrozarme los ojos, vino a tentarme con un camino de
botones, con un mar hecho de botones, a mostrarme las palabras como si fueran
cadáveres horrendos devueltos por el mar del silencio. El silencio asomando sus
pestañas vino a iluminarme con su luna enferma. Lo dudo, vino a arrancar de mis
manos lo irremediable. A devolverme a los médanos rodeados de botones. Un
camino de botones, la vorágine. ¿Ahora madre hacia dónde?
POEMA 5
Tengo en el corazón mariposas encendidas, quién
me quiere morir. A quién fuese yo le ofrezco el silencio. El silencio de los
árboles como un silencio nuevo, renovado, cuál si éste fuese el único silencio
capaz de permanecer en la memoria. El silencio es la edad, de la noche, de las
cosas. Mi vida, tu vida es silencio sostenido en mis labios. Pero el amor
persiste intacto, la lluvia no lo moja. Ofrezco un silencio único, mutante,
húmedo, solo, acabado, con seis patitas, sin seis patitas. Porque tengo tanta
vida y también silencio. Yo ya no sé decir quién no soy.
Autora: Rosakebia Liliana Estela Mendoza.
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