POEMA
13
¿La has visto? Aceptó el olvido como el insecto acepta que se lo coman las
hormigas, como los caracoles a la arena. Aceptó, adoptó, se untó en silencio.
Se comió el pájaro verde con rayitas negras, y el pájaro aprovechó su disfraz
de pájaro para atravesar la jaula. Se ha tocado. Es verdad, ella se toca,
cuentan que la han visto y ella ni cuenta. Las vieron. Ella se atrevió,
querida, todo el mundo lo comenta, se filtró como un virus. El pecado, el
mismísimo petróleo, el candelabro con una sola vela. Estuvo en nupcias con.
Estuvo a punto de. Casi en. Hacía cofres musicales con cerillos. ¿Y la música?
Las vieron. ¿La has visto? Ella se pare así misma, ella se muere.
POEMA 14
Esta noche se hace el intento de estar de noche. Estoy condenada a perseguirte
con los dedos por una fotografía difamada por tu boca. A seguirte por un papel
y letra por letra, a ver los emblemas coloridos de la locura en una hoja casi
en blanco. Pero a ti quién te dijo que la locura es un arco iris loco que besa
a la tierra en uno de sus polos, y que allí estabas tú, sola, arañando las
puertas como esas gatos que salen de la noche, de noche y creen que vuelven al
hogar. Todos vuelven a las palabras. El tiempo expande sus micelios azulados,
la progenie del silencio avanza. Estás con el labial corrido por el silencio,
con los tacones rotos por la ausencia. Mentira, tú no usas nada de eso, la
abstinencia a vivirte es una de tus cualidades inquebrantables. Te niegas
rotundamente a vivirte como otros quisieran que te vivas y que te mueras. Hago
el esfuerzo por contener la noche en mí, por desviar el óvulo lunar hacia las
trompas, por autofecundarme, por parirme sola como tantas veces. Pero esta vez,
no me escucho. No me atrevo a repetirlo.
POEMA 15
Nadie te salva de la fatalidad, de tu represión. Quién te defenderá de ti, de
las uñas de tu alma llenas de tierra, de tu fe irremediable hacia la tierra.
Porque la tierra es fría y tus muertos también. Tu amor a la tierra y a los
muertos. Los muertos no envejecen en los sueños, pero quién te inventó no fue
sensato. Acaso naciste cuando los automóviles se detienen frente a la caravana
de la locura. La locura es un camino para estar sola. La soledad, un túnel
atravesado por la sangre de los incurables. Nadie te salva, la ansiedad abre
sus alas en tu pecho, eres Ninguna menos tú. Para ti es eso y lo mismo, el
tiempo se hace del tiempo, sin culpables, sin forcejeos ni trincheras, sólo el
tiempo en el que me persiguen muertos, pero cuántas muertes en un muerto. El
timbre suena, resuena la desolación en la alcoba. Escribir es extraerme sangre,
ver mi sangre salpicada en un lienzo blanco. Éste es mi concepto de
resurrección.
POEMA 16
Tengo todo el mar para llorarme. Un reloj de caras. Estoy condenada a esta luna
enferma, podrás imaginar el estado neurótico del mar. Necesito un vicio, algún
pudor, ¡una máquina de silencios vírgenes a mil por segundo! He visto mi cara
de muerta en otra muerta y fue intranscendente. Nadie me lloraba, sólo un loco
me lanzaba piedritas en el lugar de los ojos. En la sala de confusiones que
nadie se ofenda de la multiplicación de los panes en las bocas de los
sedientos, de la bipartición del vaivén mudo, de los niños borrados. Sólo a ti
se te olvida respirar, tus crisis de suspiros aumentan ante la ofrenda del niño
que no sabe ir al baño solo. Éste no sabe que está solo, no sabe que va por el
mundo solo. Solo y remedando a las campanas del viento.
POEMA 17
Insisto, el universo se expande y se contrae cuando beso tu cuello. Pero ya no
te tengo miedo, ya no te amo. Rodeada de horas persisto en el intento sonoro, y
soy como el silencio cuando penetra en las grietas del suelo y sucumbe. El
tiempo, sí, el lobo feroz repartido en las bocas de los tres cerditos. Detente,
quédate, detente, ya no te tengo miedo. La noche avanza, colisionan las alas de
un insecto entre los vidrios de una lámpara. El acertijo de la lámpara azul, una
manzana partida en dos, desecha en dos. Durante el encierro comprendí que
trenzar y alejar es lo mismo. Un puñado de tierra es un puñado de agua. El
violín, los retratados allá afuera en el desierto, los camaleones y sus
enemigos de fábula .El desierto. La soledad madura en el desierto. Nubes de
humo, eclipses dispersos en tu cuello, ocultos como los coleópteros entre la
hierba. Te han encerrado, a ti en mí, dos cuerpos al azar, puestos los sexos al
azar según una genética costumbrista. Los locos durmientes. Ya no te tengo
miedo, insisto en eso desde que el tiempo es el tiempo. El campesino y su
machete hacen ruido mientras cortan la hierba, es la voz del viento. Así
germinan mis otras voces, mis luces de delirio.
POEMA 18
Acude la noche al conjuro de la lluvia. Igual que la noche no tengo fronteras.
Detrás mío las muñecas de porcelana que no jugaron a las muñecas, y detrás de
esas muñecas ofendidas, el silencio como herida antigua. La vida, como señal de
un acto reflejo, la injuria de la memoria. Estoy cansada de compartir el té con
esas muñecas, que si me duele el brazo ellas se soban. Las manos de un frío
crispado me sostienen el corazón. Ven pronto que yo viví conmigo, ven a sacarme
una a una las palabras.
POEMA 19
La vida es una sola y el dolor el mismo, la anatomía del dolor. Las falanges
del dolor, tus dedos. El ombligo del dolor, el mundo. La misma fisiología
llevadera del dolor bajo la lluvia. Vienes aislándote de todos, preparada para
algo magnífico. Vienen las moscas. Ni moscas. Un dolor debe doler diferente.
Pero siempre es la misma orilla, la misma niebla, el mismo hueso en el plato
del hambriento, el mismo riñón, la misma pierna. Todo el día esperando este
dolor, para no escribir nada demasiado serio.
POEMA 20
Mientras mi madre tiembla en la cama, me digo, te hirieron en la herida, te
clavaron sables en los ojos, te obligaron a comer criaturas humedecidas por tu
llanto, hospitales enteros, pozos con algas inquilinas. Quisiste, te querían,
sembraron ortigas en la planta de tus pies , balbucearon tu nombre perros
enfermos, practicaste quiromancía en las hojas de los árboles, el arte de
hablar dormida. Mientras mi madre duerme, me digo, sólo tú tiemblas, tu
insomnio, tu insomnio.
Autora: Rosakebia Liliana Estela Mendoza.
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