La carroza
de la muerte
con un
pañuelo rojo atado a una de sus esquinas.
Lo rutinario
y lo extraordinario
tienen un
mismo pabellón de emergencias, los ojos.
Debo dejar
la peste debajo de los zapatos.
No hubo beso
sino lisura. Hubo nadie y falsos simulacros.
¿Cómo decir
mi nombre?
¿Cómo se
dice estoy sola?
Esta vez
no. No hay misa que me obligue a la vigilia.
Estoy harta
de traducirme del español al español
de ensayar
las voces.
Colección virtual de poesía ( 2011).
Autora: Rosakebia Liliana Estela Mendoza.
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